Statement

La noción de fragmento en mi práctica no responde a una estética de lo incompleto, sino a una posición epistemológica. Trabajar desde el fragmento implica asumir que el conocimiento —del cuerpo, de la memoria y del territorio— no se presenta como una totalidad coherente ni estable, sino como una acumulación de restos, huellas y persistencias. En este sentido, el mosaico y la cerámica no funcionan únicamente como técnicas, sino como dispositivos de pensamiento que permiten articular una ética del hacer basada en la recomposición, el cuidado y la atención al detalle. El fragmento es método porque obliga a detenerse, a leer lo que ha sido quebrado, desplazado o descartado, y a construir sentido sin borrar esas fisuras.

Esta ética se materializa en una relación con el tiempo que se opone a la lógica productivista y a la inmediatez. El trabajo con restos y con procesos lentos instala una temporalidad extendida donde la repetición del gesto manual no es mecánica, sino insistente y reflexiva. Cada acción se acumula sobre la anterior, generando una memoria material que no busca ocultar el error ni la fragilidad, sino incorporarlos como parte constitutiva de la obra. Las costuras visibles, las uniones imperfectas y las tensiones internas se vuelven signos de un hacer situado, que reconoce sus propias condiciones de precariedad y resistencia.

El cuerpo, en este marco, no aparece como tema representado, sino como instancia activa de medición y de soporte. El peso de los materiales, su resistencia y su quiebre obligan a una negociación constante entre fuerza y cuidado, entre control y pérdida. Esta relación física con la materia desplaza la práctica desde el objeto cerrado hacia lo instalativo y lo performativo, entendiendo la acción como una extensión del oficio. El gesto manual, reiterado y sostenido en el tiempo, se vuelve una forma de pensamiento encarnado, donde el cuerpo no ejecuta una idea previa, sino que la produce en diálogo con la materia.

Esta dimensión corporal y material adquiere una carga política en tanto pone en escena formas de trabajo históricamente asociadas a lo doméstico, lo artesanal y lo marginal. La insistencia en el oficio, en el hacer lento y en el trabajo con restos cuestiona jerarquías disciplinares y sistemas de valor que separan arte y artesanía, concepto y manualidad, centro y periferia. Desde esta perspectiva, la precariedad no es solo una condición material, sino un campo de sentido desde el cual pensar el cuidado, la persistencia y la construcción colectiva.

La experiencia de residencia en Estados Unidos fue clave para tensionar estos lenguajes desde un marco contemporáneo más amplio, permitiéndome desplazar el mosaico hacia nuevas escalas y contextos de acción. Este proceso no implicó abandonar el oficio, sino expandirlo, someterlo a fricción y abrirlo al cruce disciplinar. El mosaico dejó de ser únicamente superficie para convertirse en acción, en situación y en relación, activándose en diálogo con el espacio, el cuerpo y otros agentes.

La participación en espacios como Ch.ACO y la Bienal SACO ha consolidado esta investigación en un campo de diálogo con prácticas contemporáneas que trabajan desde lo situado y lo relacional. En estos contextos, el mosaico se desplaza de su lectura tradicional para operar como una herramienta crítica capaz de activar vínculos con el entorno y con las comunidades. La obra no se entiende como un objeto autónomo, sino como un dispositivo de presencia que se construye en relación con quienes la habitan, la recorren o la activan.

Trabajo, en definitiva, desde la convicción de que la materia guarda memoria y que el gesto manual es una forma legítima de pensamiento crítico. Cada obra es una construcción lenta que asume el tiempo, el error y la fragilidad no como fallas a corregir, sino como fuentes de potencia. No busco ilustrar ideas ni cerrar sentidos, sino producir espacios abiertos donde el cuerpo, el territorio y la experiencia compartida puedan leerse como superficies vivas, en permanente transformación. Desde ahí, el fragmento deja de ser residuo para convertirse en una herramienta activa de lectura y de acción sobre el mundo.