Proyecto “Identidad, Memoria y Color en Espacios Públicos de Antofagasta”

Mosaico para Adriana Zuanic

Este mural en mosaico se emplaza en el frontis del taller de televisión y la sala audiovisual de la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica del Norte, activando el espacio universitario como territorio de memoria, imagen y continuidad cultural. La obra rinde homenaje a Adriana Zuanic Donoso, figura clave del desarrollo audiovisual en el norte de Chile, cuya trayectoria tensionó los límites entre creación artística, gestión cultural y construcción de escena desde la región.

Lejos de operar como un simple retrato conmemorativo, el mural se configura como una superficie simbólica donde la fragmentación propia del mosaico dialoga con el lenguaje cinematográfico: piezas que, al articularse, construyen relato, tiempo e identidad. Desde esa relación entre materia e imagen, la obra propone una lectura del cine como práctica de arraigo, como forma de mirar el territorio y de inscribirlo en la memoria colectiva.

Instalado en un espacio formativo, el mural adquiere una dimensión pedagógica y política. No solo evoca el legado de Zuanic, sino que instala una pregunta sobre la producción cultural desde regiones históricamente desplazadas del centro, subrayando el rol de las mujeres en la configuración de imaginarios audiovisuales y en la consolidación de redes culturales.

Así, la pieza se integra a una constelación de iniciativas orientadas al rescate y preservación de la memoria audiovisual regional, expandiendo el muro hacia una noción de pantalla pública: un lugar donde el territorio se vuelve imagen, la imagen se vuelve historia, y la historia, presencia activa.

Este mural en mosaico, emplazado en un espacio vinculado a la Universidad de Antofagasta, se instala como una operación de memoria cultural que traslada al espacio público la trayectoria de Teresa de Lourdes Ramos Ramírez, figura clave en la configuración de la escena teatral del norte de Chile. La obra no funciona como un simple homenaje biográfico, sino como un dispositivo visual que condensa décadas de trabajo escénico, formación, dirección y articulación cultural desde la región.

La materialidad fragmentaria del mosaico establece un paralelo con la naturaleza colectiva del teatro: múltiples gestos, voces y presencias que, al articularse, construyen sentido. Desde esa lógica, la pieza propone leer la práctica teatral como una arquitectura de vínculos, donde pedagogía, creación y gestión cultural se funden en una misma continuidad. La trayectoria de Ramos —ligada a procesos formativos, compañías universitarias y circuitos latinoamericanos— se traduce aquí en una imagen que fija lo efímero de la escena en una superficie permanente.

Instalada en un contexto universitario, la obra adquiere una dimensión pedagógica y territorial. Subraya el rol de las mujeres en la consolidación de escenas culturales regionales y evidencia cómo las prácticas artísticas pueden construir infraestructura simbólica en territorios históricamente desplazados de los centros de legitimación cultural. El mural, así, no solo recuerda una trayectoria, sino que afirma la persistencia del teatro como práctica de comunidad, memoria y proyección colectiva.

El muro se transforma entonces en escenario expandido: un lugar donde la historia escénica del norte se inscribe como presencia activa, y donde la imagen no clausura el pasado, sino que lo mantiene en circulación.

Mosaico para José Antonio Palma Bustamante


Este mural en mosaico, emplazado en el frontis del Teatro Municipal de Antofagasta, se erige como un gesto de memoria activa hacia José Antonio Palma Bustamante, figura entrañable del ecosistema cultural antofagastino, reconocido por muchos como “el periodista del pueblo”. Más que un retrato conmemorativo, la obra se configura como una metáfora visual de su rol silencioso pero fundamental: el de registrar, acompañar y sostener, desde la presencia constante, la vida cultural de la ciudad.

Lejos de los circuitos institucionales tradicionales, Palma ejerció una práctica autodidacta y profundamente territorial de documentación cultural. Su mirada, siempre situada, convirtió actividades aparentemente pequeñas —funciones de teatro independiente, exposiciones locales, lanzamientos de libros, encuentros artísticos— en acontecimientos dignos de memoria. Desde esa labor persistente, construyó un archivo afectivo de la ciudad, donde cultura y comunidad se entrelazaban como parte de una misma experiencia colectiva.

La lógica fragmentaria del mosaico dialoga con esta forma de trabajo: piezas diversas que, reunidas, construyen una imagen mayor. Cada fragmento alude simbólicamente a los múltiples espacios, rostros y escenas que Palma acompañó, generando una cartografía cultural hecha de vínculos, cercanía y compromiso. El mural, así, no solo representa a una persona, sino que materializa una ética de la presencia: estar, mirar, registrar y reconocer.

Instalado en un espacio emblemático para las artes escénicas de la ciudad, el mural adquiere una dimensión política y comunitaria. Reconoce que la historia cultural de Antofagasta no se sostiene únicamente en grandes figuras o eventos, sino también en quienes documentan, difunden y resguardan esos procesos desde el afecto y la convicción. La obra inscribe en el espacio público una forma de periodismo cultural no hegemónico, construido desde la cercanía, la persistencia y el arraigo territorial.

Este mosaico transforma el muro en archivo expandido. Allí donde la imagen fija suele cerrar el relato, aquí se propone lo contrario: una memoria en movimiento, abierta a nuevas escenas, nuevos cuerpos y nuevas historias. La figura de Palma se proyecta así como presencia continua, recordándonos que toda práctica cultural necesita testigos, y que en ese gesto de observación comprometida también se construye ciudad.

Mosaico para José Papic

Este mural/mosaico, emplazado en el edificio de CORFO en Antofagasta, activa el espacio institucional como superficie de memoria cívica, poniendo en circulación la figura de José Papic Radnic como actor clave en la construcción social y económica del Norte Grande durante el siglo XX. La obra no se limita a un gesto conmemorativo, sino que instala una reflexión sobre el vínculo entre pensamiento, gestión y territorio.

Formado en Europa en el campo de las Ciencias Económicas y Políticas, Papic regresó a una ciudad marcada por la precariedad estructural, donde la ausencia de servicios básicos contrastaba con las posibilidades de desarrollo que él había conocido en otros contextos. Ese cruce entre experiencia internacional y arraigo local configuró una mirada orientada al progreso regional, entendiendo la economía no solo como sistema productivo, sino como herramienta para mejorar las condiciones de vida colectiva.

La materialidad del mosaico, construida a partir de fragmentos que componen una imagen integral, dialoga con la dimensión de su legado: múltiples acciones, gestiones y articulaciones que, sumadas, incidieron en la transformación de la región. Desde la promoción de espacios de participación ciudadana hasta la defensa de políticas públicas que reconocieran el aporte económico del territorio, su figura se vincula con una tradición de pensamiento regional que entiende el desarrollo como proceso compartido.

Instalada en un edificio asociado al fomento productivo, la obra adquiere una resonancia particular. El mural sitúa la historia económica en clave humana y territorial, recordando que las políticas, las leyes y las decisiones estructurales también son parte de la memoria cultural de una ciudad. Aquí, el mosaico opera como una cartografía simbólica donde progreso, comunidad y visión de futuro se entrelazan.

El muro se transforma así en archivo cívico expandido: un lugar donde la historia regional se inscribe no desde la monumentalidad, sino desde la conciencia de que el desarrollo es, ante todo, un acto de construcción colectiva.

Identidad y Memoria — Primera Etapa

La primera etapa del proyecto “Identidad y Memoria” se articula como una operación de arte público que desplaza la noción de mural conmemorativo hacia una práctica de memoria territorial activa. A través de cinco murales de mosaico emplazados en el espacio urbano de Antofagasta, el proyecto propone una lectura del muro como superficie de inscripción cultural, donde biografía, territorio e imagen se entrelazan.

Más que representar figuras, estas obras construyen una cartografía simbólica de la cultura regional. Cada mosaico funciona como un punto de anclaje entre pasado y presente, activando la ciudad como archivo vivo y escenario expandido de su propia historia cultural. La materialidad fragmentaria del mosaico dialoga con esta idea: piezas diversas que, al articularse, configuran un relato común.

Las figuras abordadas en esta primera etapa —Nelly Lemus, Lili Grafulic, Juan Radrigán, Hernán Rivera Letelier y Andrés Sabella— representan distintas dimensiones del quehacer cultural del norte de Chile: gestión, literatura, teatro y pensamiento crítico. Sus trayectorias, lejos de situarse únicamente en la esfera individual, se vinculan con procesos colectivos de formación, creación y circulación cultural que han modelado el imaginario regional.

El proyecto entiende el espacio público no como mero soporte, sino como un dispositivo de observación y encuentro. Los muros intervenidos se transforman en nodos de memoria donde la comunidad puede reconocerse, recordando que la cultura no se sostiene únicamente en instituciones, sino también en las personas que construyen escena, palabra e identidad desde el territorio.

Esta primera etapa sienta así las bases metodológicas y conceptuales del proyecto: investigar, dialogar con actores locales, rescatar archivos visuales y traducir memoria en imagen pública. El mosaico opera aquí como lenguaje material de la permanencia, fijando en la ciudad aquello que, en su origen, fue efímero: la voz, la escena, la palabra, la gestión cultural.

“Identidad y Memoria” propone, en definitiva, una ciudad que se piensa a sí misma desde sus creadores y creadoras, donde el arte público deja de ser ornamento para convertirse en infraestructura simbólica. Los murales no clausuran relatos; los mantienen en circulación.

Segunda Etapa del Proyecto “Identidad, Memoria y Color en Espacios Públicos de Antofagasta”

La segunda etapa del proyecto continúa el proceso de construcción de una cartografía cultural en el espacio público de Antofagasta, ampliando la red de referentes simbólicos que articulan identidad, memoria y territorio. Esta fase incorpora nuevas figuras cuya trayectoria ha sido fundamental para el desarrollo cultural, social y artístico de la región, consolidando el enfoque del proyecto como un dispositivo de memoria activa.

Al igual que en la primera etapa, las obras se conciben como intervenciones de arte público que trasladan biografías significativas al paisaje urbano, fortaleciendo la relación entre comunidad, historia local y creación contemporánea. Los muros intervenidos operan como superficies de inscripción cultural, donde la imagen no solo representa, sino que activa memoria.

En esta segunda etapa se desarrollarán murales de mosaico dedicados a las siguientes personalidades:

  • Adriana Leonor Zuanic Donoso
    Cineasta y gestora cultural, figura clave del desarrollo audiovisual en el norte de Chile y fundadora del primer festival de cine de la ciudad.
  • José Papic Radnic
    Promotor del progreso cívico y social de Antofagasta, vinculado a procesos de organización regional y mejora de las condiciones de vida en el territorio.
  • Teresa de Lourdes Ramos Ramírez
    Actriz, directora y formadora, referente histórico de las artes escénicas del norte de Chile y figura central en la consolidación del teatro regional.
  • José Antonio Palma Bustamante
    Conocido como “el periodista del pueblo”, testigo persistente del acontecer cultural antofagastino y figura emblemática de la memoria cultural local.

Adriana Leonor Zuanic Donoso
Cineasta y gestora cultural, figura clave del desarrollo audiovisual en el norte de Chile y fundadora del primer festival de cine de la ciudad.

José Papic Radnic
Promotor del progreso cívico y social de Antofagasta, vinculado a procesos de organización regional y mejora de las condiciones de vida en el territorio.

Teresa de Lourdes Ramos Ramírez
Actriz, directora y formadora, referente histórico de las artes escénicas del norte de Chile y figura central en la consolidación del teatro regional.

José Antonio Palma Bustamante
Conocido como “el periodista del pueblo”, testigo persistente del acontecer cultural antofagastino y figura emblemática de la memoria cultural local.

Agradecimientos

Este proyecto ha sido posible, en primer lugar, gracias al apoyo y financiamiento de la Seremi de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, cuya adjudicación permitió dar continuidad al proyecto “Identidad, Memoria y Color en Espacios Públicos de Antofagasta”, fortaleciendo el arte público como herramienta de memoria, identidad y encuentro comunitario.Agradecemos especialmente al equipo de trabajo que hizo posible cada etapa del proceso, entendiendo el arte público como un ejercicio colectivo y colaborativo. A Gonzalo San Martín, por su labor como mosaiquista colaborador; a Leonardo Rojo, por el compromiso y rigurosidad en el montaje e instalación de las obras; a Cristian Ramos, por la gestión cultural y articulación territorial; y a Liliana Correa, por la administración y coordinación que aseguraron el correcto desarrollo del proyecto.Extendemos también nuestro agradecimiento a Patricio Corominas, por el diseño gráfico que aportó coherencia y fuerza visual al proyecto, y a la productora Onex, bajo la dirección de Ken Ota, por el apoyo en producción y difusión.Este proyecto es el resultado de un trabajo conjunto donde institución, equipo y territorio confluyen para transformar el espacio público en un lugar de memoria viva, identidad compartida y color.Equipo de Trabajo.