El mural dedicado a Adriana Zuanic Donoso se instala como un gesto de restitución simbólica. Más que una imagen fija, propone una reflexión sobre la persistencia cultural en el norte de Chile y sobre la capacidad de una creadora para sostener escena allí donde históricamente el centro ha dictado los márgenes.
Zuanic fue una figura decisiva en la configuración del campo audiovisual nortino. Su trabajo no se limitó a la realización cinematográfica: articuló redes, formó equipos, impulsó espacios de exhibición y defendió la producción regional como una práctica de arraigo. Comprendió que filmar desde el desierto no era un gesto periférico, sino una afirmación política y estética. Su legado radica tanto en sus obras como en las condiciones que ayudó a construir para que otros y otras pudieran producir imágenes desde el territorio.
Este mural en mosaico se emplaza en el frontis del taller de televisión y la sala audiovisual de la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica del Norte, activando el espacio universitario como territorio de memoria, imagen y continuidad cultural. La obra rinde homenaje a Zuanic como figura clave del desarrollo audiovisual en el norte de Chile, cuya trayectoria tensionó los límites entre creación artística, gestión cultural y construcción de escena desde la región.
Lejos de operar como un simple retrato conmemorativo, el mural se configura como una superficie simbólica donde la fragmentación propia del mosaico dialoga con el lenguaje cinematográfico: piezas que, al articularse, construyen relato, tiempo e identidad. Desde esa relación entre materia e imagen, la obra propone una lectura del cine como práctica de arraigo, como forma de mirar el territorio y de inscribirlo en la memoria colectiva.
Instalado en un espacio formativo, el mural adquiere una dimensión pedagógica y política. No solo evoca el legado de Zuanic, sino que instala una pregunta sobre la producción cultural desde regiones históricamente desplazadas del centro, subrayando el rol de las mujeres en la configuración de imaginarios audiovisuales y en la consolidación de redes culturales.
Así, la pieza se integra a una constelación de iniciativas orientadas al rescate y preservación de la memoria audiovisual regional, expandiendo el muro hacia una noción de pantalla pública: un lugar donde el territorio se vuelve imagen, la imagen se vuelve historia y la historia, presencia activa.







Carta a Adriana
Agradecimientos
Este proyecto fue posible gracias a una red de voluntades que comprendió que la memoria cultural no se impone: se construye en conjunto.
Agradezco profundamente a la Seremi de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, por respaldar esta iniciativa y reconocer la importancia de preservar y proyectar el legado audiovisual de Adriana Zuanic Donoso desde el territorio.
A sus amigos y cercanos, que generosamente facilitaron cartas, fotografías y materiales personales. Esos archivos no solo aportaron información, sino también contexto, humanidad y espesor histórico a la construcción de esta obra.
A su madre, por acompañarnos en la Universidad Católica del Norte, y por estar presente en un momento que unió memoria íntima y espacio público.
A la directora de la Escuela de Periodismo, Constanza Castro, y a Mauricio Matus, por su voluntad y compromiso al apoyar y hacer posible este proyecto dentro del espacio universitario.
A los estudiantes de la Escuela de Periodismo que participaron activamente en la instalación y en los procesos de mediación, comprendiendo que el mural no es solo una imagen concluida, sino una instancia formativa y reflexiva.
Al equipo de Cerámicas Yasoda, por el rigor técnico y la sensibilidad material que exige el mosaico cuando se convierte en soporte de memoria.
A la productora Onex, por la articulación y el registro de este proyecto.
A mis compañeros de creación, Gonzalo San Martín y Leonardo Rojo, por el diálogo crítico y la construcción compartida de sentido.
Y a Javiera, Ken Ota, Cristian Ramos y Liliana Correa, por su apoyo constante, profesional y humano, sosteniendo cada etapa del proceso con compromiso y lealtad.
Cada uno de ellos forma parte de esta obra. Como en el mosaico, ninguna pieza es secundaria; es el conjunto el que finalmente produce imagen y permanencia.
Adriana,
Hay imágenes que no se extinguen. Permanecen trabajando en la memoria, como si el tiempo no pudiera clausurarlas. La tuya es una de ellas. No como recuerdo detenido, sino como presencia activa, como una voz que todavía interpela y acompaña.
Instalar este mosaico en la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica del Norte fue mucho más que completar una obra. Fue sostener una conversación contigo. Con tu manera de insistir en el norte como centro posible. Con tu convicción de que el audiovisual no era solo producción, sino construcción de comunidad, tejido humano, espacio de encuentro.
Mientras trabajaba cada fragmento pensaba en tu persistencia. En los días difíciles, en las gestiones invisibles, en la energía puesta no solo en crear, sino en abrir camino para otros. Pensaba también en tu risa, en tu carácter, en esa mezcla de determinación y sensibilidad que hacía que las ideas no quedaran en palabras.
Tu legado no está únicamente en las películas o en los proyectos que impulsaste. Está en la escena que ayudaste a formar, en las redes que tejiste, en la confianza que sembraste en quienes comenzaban. Está en la certeza de que desde el desierto también se puede producir imaginario, pensamiento, belleza.
Quiero agradecer de manera muy especial a tu madre. Su presencia en la inauguración fue un gesto que nos conmovió profundamente. Haber podido conversar con ella, escucharla, sentir su fuerza y su memoria viva, fue uno de los momentos más significativos de este proceso. En su mirada comprendí que esta obra no era solo un homenaje público, sino también un acto íntimo de continuidad, una forma de cuidado.
Agradezco también a cada amiga, amigo y colaborador que apoyó este proyecto de manera independiente, creyendo que la memoria se construye colectivamente. Como en el mosaico, ninguna pieza es suficiente por sí sola; es el conjunto lo que da forma y sentido. En cada tesela hubo manos, confianza y afecto.
Este mural no cierra nada. Abre. Deja tu imagen habitando un espacio formativo, dialogando con nuevas generaciones que quizás no te conocieron, pero que podrán preguntarse quién fuiste y por qué tu nombre sigue convocando. Eso, en el fondo, es permanecer.
Te quiero mucho. Donde quiera que estés, que este muro sea un abrazo sostenido en el tiempo. Un abrazo hecho de materia, de luz y de memoria.
Nanda