
Tierra, memoria y lágrimas — Chicago, 2025
Esta pieza nace en Chicago, en 2025, durante un proceso de experimentación con la cerámica y con aquello que puede quedar atrapado en su superficie. Pienso la tierra como el primer lugar de la memoria: guarda nuestras huellas incluso cuando nosotros comenzamos a olvidarlas. Sobre ella aparece una escritura casi indescifrable, como esos recuerdos que regresan incompletos y que, sin embargo, reconocemos como propios. La forma se aproxima a una lágrima porque hay gestos que no necesitan traducción. La tierra, la memoria y las lágrimas pertenecen a un lenguaje universal: cambian los territorios, cambian las palabras, pero seguimos intentando dejar alguna señal de que estuvimos aquí.

Esta pieza nace del encuentro entre materiales que parecen contradecirse: el cemento, pesado, áspero y opaco, y el vidrio, frágil, translúcido y atravesado por la luz. Los fragmentos de color quedan contenidos en el cemento como pequeños restos de algo que insiste en permanecer.
Me interesa esa tensión: el cemento construye, fija, endurece y contiene; el vidrio, en cambio, permite que la luz entre y revele aquello que parecía atrapado. Entre ambos aparece la fractura, no como un accidente que deba ocultarse, sino como una huella.
Esta experimentación forma parte de mi investigación sobre la memoria, la materia y las lágrimas como un lenguaje universal. Porque incluso aquello que queda encerrado bajo una materia dura conserva una posibilidad: que la luz vuelva a atravesarlo y lo haga visible otra vez.
Únete a más de 900 suscriptores
Mantente al día de todo lo que necesitas saber.