Residencia en Chicago Mosaic School




Chicago. Recorrido cotidiano durante el período de residencia.
La residencia en la Chicago Mosaic School se configuró como un espacio de desplazamiento crítico de la práctica, más que como un periodo de producción orientado a resultados. Funcionó como una pausa estratégica que permitió suspender la lógica de la obra cerrada para situar el proceso, la observación y la investigación material como ejes centrales del trabajo. En este contexto, el mosaico fue interrogado no solo en su dimensión técnica, sino en su capacidad de operar como un lenguaje expandido, permeable a contextos, cuerpos y territorios.
Desde el ingreso al taller, el ritmo del hacer se transformó. La disponibilidad de materiales, herramientas y superficies de trabajo, junto con la convivencia con otras prácticas y modos de aproximación, generó un entorno propicio para la exploración sin urgencia. El taller dejó de ser únicamente un espacio de producción para convertirse en un lugar de pensamiento activo, donde cada gesto manual implicaba una decisión conceptual. El mosaico comenzó a pensarse menos como imagen final y más como proceso, acumulación y temporalidad.











Detalle de proceso en el taller de Chicago Mosaic School.
El fragmento, históricamente asociado a la estabilidad de la imagen y a la monumentalidad, fue desplazado hacia un campo más inestable. Aquí, el fragmento operó como un elemento crítico, una forma de pensar la discontinuidad, el resto y la imposibilidad de una totalidad cerrada. Esta condición fragmentaria permitió revisar la noción de superficie como espacio de inscripción, entendiendo el soporte no como fondo neutro, sino como territorio atravesado por capas de memoria y uso.
La experiencia de la residencia se expandió de manera orgánica hacia la ciudad. Chicago se presentó como un paisaje materialmente denso, donde la arquitectura industrial, las infraestructuras y los bordes urbanos configuran una geografía marcada por la persistencia del trabajo y la transformación constante. La ciudad no fue un contexto ilustrativo, sino una estructura activa que dialogó silenciosamente con la práctica, reorganizando la mirada y el tiempo del hacer.



Deriva urbana. Chicago.
Las caminatas cotidianas se transformaron en un ejercicio fundamental del proceso. Caminar Chicago implicó enfrentarse a una escala urbana exigente, a la repetición de tramas y a una materialidad persistente de acero, ladrillo y hormigón. El cuerpo, expuesto al clima, a las largas distancias y a la soledad del desplazamiento, se volvió un sensor atento del entorno. En ese tránsito, la ciudad comenzó a leerse como un archivo abierto, donde las superficies erosionadas, las grietas y los restos revelaban una memoria no monumental, sino sedimentada.
Estas derivas no buscaron ser registradas de manera sistemática. Funcionaron, más bien, como una acumulación sensible que permeó el trabajo de taller bajo la forma de ritmo, densidad y estructura. La relación entre ciudad y mosaico se volvió evidente: ambos operan desde la suma de fragmentos, desde la coexistencia de capas que no buscan resolverse en una imagen total.



Fragmento y desgaste.
En este cruce entre taller y ciudad comenzó a delinearse una nueva línea de investigación, aún abierta, que problematiza la noción de memoria desde estados de transformación, desplazamiento y fluidez. Sin anticipar formas ni resultados, esta experiencia permitió instalar preguntas que hoy comienzan a organizarse bajo el concepto de Memoria Líquida: una investigación que no se ancla en la fijación del recuerdo, sino en su condición mutable, inestable y permeable al tiempo y al contexto.
La residencia no produjo una obra cerrada, sino un reordenamiento de la práctica. El tiempo suspendido permitió ensayar, observar y fallar sin la presión de la clausura, desplazando el énfasis desde el objeto hacia el proceso. Eneste sentido, la experiencia en Chicago funcionó como un espacio de incubación crítica, donde el mosaico se reafirmó como un lenguaje capaz de adaptarse, absorber y transformarse sin perder su densidad material.


Proceso abierto. Chicago.
Lo vivido en la Chicago Mosaic School no se cierra en esta experiencia. Se proyecta hacia nuevas investigaciones y obras que
continúan explorando la relación entre materialidad, territorio y memoria. Memoria Líquida emerge así no como un proyecto definido, sino como un campo en construcción, una deriva conceptual que encuentra en el fragmento, el desplazamiento y la observación sus principales modos de activación.
Este texto no busca clausurar una etapa, sino dejar constancia de un tránsito. Una experiencia que continúa operando como un campo activo de reflexión, desde el cual la práctica sigue moviéndose, interrogándose y abriendo nuevas posibilidades.

